Bye bye comfort zone

Hace casi un mes que vivo con lo que cabe en una maleta. He cambiado de trabajo, de ciudad, de hábitos y algunas mañanas no sé en qué casa despierto.

mudanza

Durante mucho tiempo, mi vida ha sido un círculo. Todos los días comenzaban a los 0º y terminaban en los 360º. Me gustaba saber que iba a desayunar lo de siempre a la hora de siempre, que empezaría a trabajar a las 9.00 horas y que terminaría a las 23.00 h. con un par de cambios de escenario. Una hora después me iba a dormir, y al día siguiente vuelta a empezar. Si había algún cambio me desestabilizaba completamente y me sentía desubicada el resto del día. Me daba verdadero terror que las cosas dejasen de ser tal cual eran, y que de repente una sucesión de imprevistos se lo cargasen todo.

Intuía que no era muy sano y mi salud lo confirmaba, pero estaba contenta la mayor parte del tiempo. Me sentía segura y con capacidad de reacción.

La “zona de confort” que ha supuesto mis últimos cuatro años ha tenido tantas luces como sombras. En un primer momento, me aportó la estabilidad necesaria para poder construir, reconstruir… alzarme en definitiva. En su último momento me dejó en mitad de un caos controlado, que consiguió que normalizase aportaciones que ninguna persona en su sano juicio consideraría de ninguna manera aceptables.

Tengo una resistencia al cambio tan normal y tan mortal como la de cualquiera, pero era más que evidente que no estaba llegando a ningún sitio. Ni mi trabajo ni mi proyecto de vida tenían posibilidad de avance, así que seguí una corazonada y cambié de cartas. Salí del círculo y ahora trazo una línea.

Aún me desvelo, pero le he perdido el miedo a las mudanzas, a la vuelta a casa, a que mi amor no me espere, y a no tener claro lo que tengo que hacer mañana. Además me he topado con la edición de vídeo en After Effects y BADABOM.