Vuelta al cole ´14

En apenas una semana empieza el nuevo curso. Tengo muchísimas ganas de matricularme y coger las que serán las últimas asignaturas de la carrera. He dejado las más complicadas para el final, porque llevo un par de años cogiendo mucha cantidad y poca dificultad,  y ahora voy a salir por la puerta grande con las más duras.

Además, mis previsiones laborales a unos meses vista son buenas. Esto quiere decir que ya puedo organizarme mucho y bien, porque estoy a escasos días de protagonizar una vuelta al cole por todo lo alto.

No me gusta prolongar las cosas más tiempo del que necesitan. Intento tener muy claro qué se espera de mí en cada trabajo y en cada examen, y asignarle un tiempo lo más específico posible a cada proyecto. Es obvio que a veces estos tiempos se dilatan, y aunque no tengo inconveniente en trabajar puntualmente más de la cuenta, en general no soy partidaria de hacer una tarea eterna en nombre de la perfección.

La perfección no existe: dos días después de entregar un trabajo descubrirás que podía ser mejor, y en cuanto entregues el examen recordarás tres o cuatro datos de vital importancia que te has dejado sin incluir.

Cuento esto para que entendáis como es mi día a día, y por qué no cuento con un horario de 9-17 para organizar tanto ese intervalo, como el resto de mi existencia.

LA PRODUCTIVIDAD MONITORIZADA

No es difícil encontrar información sobre la importancia de ser productivo y sobre todo, como serlo. Existen una serie de aplicaciones, tutoriales, listas, agendas, cursos y merchandising interminable. También existen unos hábitos para gente realmente efectiva que desconozcoNo soy una persona especialmente anárquica en cuanto a horarios productivos, pero soy incapaz de seguir unas pautas que no sean las que a mí en concreto me funcionan. No puedo seguir una agenda con una lista que haya planteado otro, ni interrumpir un momento de concentración porque ya lleve dos horas volcada en lo mismo.

Quizás lo que a mí me funciona no sirva para ti, por eso creo que es importante dejarse de programas, y listas, y planes de organización dignos de un proyecto de ingeniería, y aplicar una sola cosa: el sentido común.

Esto es lo que funciona conmigo

Levantarme / acostarme. Soy una morning person. De toda la vida. Una buena hora para empezar el día son las 06.00. Dispongo de dos horas antes de prepararme para trabajar que suelo emplear estudiando. No suena el móvil, no llegan correos, y el resto del mundo parece estar callado. En invierno se hace duro porque no hay luz, pero aun así me compensa. Eso conlleva tener que acostarme pronto, y a duras penas consigo llegar más allá de las 23.00 h. Tampoco es necesario estar despierta más tiempo, a partir de las 8 de la tarde no puedo hacer casi nada a un ritmo normal.

– Dejar el móvil en otra habitación / dejar el móvil en casa. Esto llevo probándolo poco tiempo, puede que un par de meses, no más. Poco a poco voy consiguiendo que los demás se comuniquen conmigo a través del correo, al que puedo acceder con solo levantar la vista y contestar sin tener que interrumpir bruscamente lo que estoy haciendo. La cantidad de tiempo que perdía atendiendo whatsapp era terrible, además de incómoda. Hay que hacer una pequeña campaña entre amigos y familia indicándoles que no envíen por esa línea nada que sea importante ni urgente, pero va dando resultado.

– Lo fácil a partir de las 8 de la tarde. Cosas como recoger, hacer la compra, atender llamadas no urgentes y recrearme en internet, siempre después de esa hora. No me supone ningún esfuerzo mental y no interrumpo momentos de concentración para realizarlas. No quiero decir que no sean cosas importantes, solo que no son difíciles. También aprovecho ese rato para anotar lo que es urgente para el día siguiente. Urgente no significa importante, porque importante parece ser todo. Solo anoto lo urgente, lo que no tiene demora posible. De esta forma, el día siguiente tiene parte de trabajo hecho y no tengo que pararme a recordar qué era lo realmente prioritario.

– Comida del mediodía vs. cena. Suelo comer mientras trabajo, y reservo la cena para desconectarme de todo y dormir tranquila. Aunque es costumbre en España que la comida del mediodía sea la más copiosa, tengo problemas para concentrarme con el estómago lleno, así que me compensa hacerlo así.

– No llegar tarde. Esto para mí es vital. Prefiero salir cinco minutos antes y llegar a los sitios con tiempo que tener que correr y llegar estresada y de mal humor. Por las mañanas sobre todo. Si corro, tardo unos 30 minutos en desacelerarme y empezar a trabajar.

– Mi agenda. La utilizo a la inversa. No tanto para anotar las cosas que quedan por hacer, sino las que ya he hecho y entregado. De esta forma puedo saber en qué momento y de qué manera terminé algo, en caso de tener que retomarlo. No me sirve para eventos futuros porque, como os he dicho, todo es importante, y lo urgente es para el mismo día o el día siguiente. También es muy útil para recordar presupuestos de proyectos que se aplazan, así como los cobros y la fecha de los mismos.

Hasta el momento, esto es lo único que funciona.


Son las 21.32 horas, lo que quiere decir que hace hace 90 minutos que empecé a estar cansada y que faltan otros 90 para irme a dormir. En Afganistán, Ashraf Ghani ha firmado con EE UU el Convenio Bilateral de Seguridad. Y no hay calificaciones que mostrar en mi campus de estudiante.