Ibérica circular

Esta semana no he dejado de diseñar. Solo estamos a martes pero he recuperado en dos días el retraso de una semana, y eso es motivo para celebrar. Siempre. Además estoy trabajando con ibéricos y que me perdone el veganismo pero EH.

Siempre me decís que aproveche los estados de tristeza para sacar mi creatividad, mi genio, mi alma, mi voz, mi blah. Blah.

Siento deciros que no funciona así. Siento deciros que la tristeza solo conduce a la soledad, al silencio, y a ver como la vida pasa teniendo la sensación de que vas a estar temblando en un rincón 24/7 hasta que tu sistema nervioso colapse. De la tristeza hay que salir como se sale de la Estación de Nuevos Ministerios* (o de Diego de León): contando los pasos y cronometrando que no se prolongue más de 5.22 minutos.

Pero una vez se sale, una es capaz de plantear un dossier y elegir una tipografía que la tinta negra no reviente. Este dato es muy importante y no lo podéis despreciar: cuidado con las cosas que colocáis sobre un fondo negro.

Aunque llevo dos días con bastante energía, maquetando, recortando, seleccionando con relativo buen gusto y agilidad mental… lo cierto es que tengo un incómodo malestar generalizado. Apenas puedo vestirme con normalidad e intento no pasar cerca de otras personas por miedo al roce. Esto dista mucho de ser una metáfora. Mi cuerpo tiene una excelente memoria por más que trate de despistarle con ejercicios de fuerza. Mi cuerpo se acuerda de todo y mi cuerpo se queja.

Pero este templo mío y solo mío puede seguir quejándose mientras tiene el tiempo justo para recuperarse y salir a lucir rayas y volantes. No veo la hora de que llegue esta verbena.

Ya otro día os explico cómo todas las personas que me importan en esta ciudad están conectadas conmigo a través de la L-6.

La línea 6 es circular.