El muro de los lamentos

Dos semanas antes de Navidad actualicé facebook con un estado parecido a este:

“Pese a lo disfuncional, pese al drama, y pese a los eternos reproches… no veo el momento de ir a ver a mi familia y celebrar otra Navidad.”

Ninguna de mis publicaciones anteriores tuvo un número semejante de “me gusta” y de comentarios positivos. Que la Navidad es un campo de batalla para la mayoría de nosotros me parece un hecho meridianamente claro, y de cierta forma me sentí muy bien al recibir esa especie de apoyo online.

La cosa es que mi familia no lo interpretó como una expresión de desahogo y de buenas intenciones, así que mi actualización dio paso a una charla eterna sobre lo que se consideraba apropiado o no para comentar en una red social.

No intenté defender nada, porque me parecía absurdo tener que explicar un comentario que no tiene doble lectura, pero en ese momento mi relación con las redes sociales empezó a romperse.

Y empezó a romperse porque caí en la cuenta de que mi muro se había convertido en un entretenimiento para mi lista de amigos y ellos habían pasado a ser mi audiencia.

Un tiempo después me detuve en observar lo que facebook y twitter producían en mí. En el primer caso, noté que facebook aumentaba mi ansiedad, aunque no de un modo negativo (es un decir). Entraba, empeza a pinchar aquí, allí, y el cansancio desaparecía ante una nueva ráfaga de actividad cerebral. Además, las conversaciones en tiempo real me producían a la vez un efecto tranquilizador. Si comentaba y recibía un “me gusta” o una respuesta, automáticamente sentía paz porque había alguien en otro lugar interactuando conmigo, en vez de ignorar mi presencia. La comunicación era fácil y rápida, y me dejaba la sensación de estar participando de una forma de recreación activa. Además, consumir links con titulares atractivos en base a mis gustos, me hacía creer que estaba aprendiendo y que necesitaba pinchar más y leer más.

Cuando pensaba qué podía decir para actualizar y hacer saber a los demás que seguía viva y focused, lo hacía teniendo en cuenta a mi público y a la cantidad de gente que sabía que acabaría dándome el OK. Es curioso porque no me tengo por una persona demasiado egocéntrica, pero los hechos son los que son. La cantidad de tiempo y de estupidez empleadas en ello son directamente proporcionales.

Además, todo ese tiempo es perdido. Tanto el que pasas en actualizar, como el que pierdes en leer las aportaciones del resto. En ningún momento consumir significa producir. Tampoco me ha hecho mejor persona, ni más amiga de mis amigos, ni más nada. No sería capaz de recordar el 95% de los artículos que he leído dirigida por facebook.

El caso de twitter es distinto. Solo hay una palabra con la que podría definirlo en base a lo que alcanzo a leer –> VENENO. No hace falta un nombre real (en facebook tampoco, pero es más fácil ubicarte), ni ser capaz de emitir un pensamiento elaborado, y además hay algo enfermizo en toda la cosa de los RT y los FAVS. Las charlas más interesantes son las que giran en torno al odio y a las discusiones absurdas. Puede que exagere, pero creo que twitter es la peor red social de la historia.

Hace un par de semanas que empecé a borrar las publicaciones que había en mi cuenta de facebook. Abrí la cuenta en el año 2008, y la cantidad de basura y de cosas que ya no quiero recordar es tan tremenda como terrible. Hay publicaciones que después de tres intentos permanecen ahí, pero soy una mujer perseverante. Sé que es más fácil cerrar mi cuenta, pero he decidido que quiero una cuenta de facebook sin información para facebook.

De un tiempo a esta parte no me molesto en actualizar ni interactuar apenas, así que lo que gano en salud se lo quito en emoción a mis amigos. Me parece justo y bueno. No quiero que tengan más datos sobre mí, si eso les distrae de lo que ocurre a su alrededor. Por otra parte, todo es mentira. Las cosas reales ocurren en tiempo real, y son las que verdaderamente importan porque no puedes controlar lo que decir, ni salir del plano mientras esperas la reacción de los demás.

Lo siguiente será eliminar mi cuenta de twitter. Cambiaré el culto al ego por el culto al conocimiento, pronto empieza el nuevo curso.


Son las 22.02 y según el parte meteorológico estamos a escasos minutos de una tormenta eléctrica. La humedad es del 99% y un 88% de los catalanes aceptaría el resultado de la consulta independentista. Además, hay gente que continúa ofreciendo cosas a cambio de tweets.