Tarta de queso sin queso

No era una amenaza. Os dije que iba a dejar de utilizar whatsapp. Que eso no es para mí que dejo el grupo. Os insinué que intentaría resolver este mutismo autoimpuesto y casi místico. No me mandéis ni un audio más porque tampoco estoy en condiciones de escuchar nada. Os prometí que iba a contaros qué hago tan lejos de casa y bien sabe Dios que soy una mujer de palabra. De lo que no se habla no existe pero mejor que le pongas nombre.

Llevo dos años en Madrid contando los días que faltan para irme. Cada mes hago un breve repaso de la cantidad y calidad de mi trabajo, y de la frecuencia y duración de las citas médicas a las que acudo. A veces me tomo la libertad de rechazar las que bajo mi criterio, considero innecesarias.

Estoy segura de que os habéis imaginado una vida llena de cines, museos, bocatas de calamares y churros (¿porras?) los domingos por la mañana. Yo también la imaginaba así pero hasta ahora no me he decidido a protagonizarla pensando, como pensaba, que cualquier día volvería a casa.

Y es que las cosas pasan, y un viernes cualquiera resulta que no está tan claro eso de que vayas a volver porque alguien te esté esperando y que llevas 2 años de retraso en eso de cogerle el pulso a este lugar que todavía te resulta extraño.

En esta etapa, he hecho algunos amigos a los que no les he dedicado tiempo aunque ellos a mí sí, y en estos últimos 3 días he tenido que pedirles ayuda con las mangas llenas de mocos EH ESTO ES SERIO SACADME DE ESTE ESTADO QUÉ PUEDO HACER.

Así que me llevaron a ver a Christina que es una de las cosas buenas de Madrid, y F. consiguió que nos sentáramos tan cerca de ella que posiblemente todas esas personas vieran las medias debajo de mi vestido, pero son tupidas y no pasó realmente nada.

L. me sacó una foto hablando con la que ha sido mi ídolo infantil-juvenil-tengo20-tengo30 en la puerta de un bar de Malasaña y por primera vez en muchos meses sentí que todo estaba en el lugar que le corresponde. Mi sitio es este y mi vida está aquí. Ahora.

Y en otro momento os cuento la historia de la tarta de queso sin queso que compartí con L. mientras hablábamos de hackers, de crackers, de bugs en windows 10 y si no eres feminista es porque eres machista.